Infidelidad En La Pareja: Hijos Traicionados Por Psíquica Naytiry

Fecha de publicación 9/28/2019
Categoría: Destino y significado de la vida



Es necesario es que los adultos aprendan a ser responsables de sus actos, actuando con la mayor integridad posible por el bienestar de sus hijos.

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Entre adultos existe la creencia generalizada que, salvo sean descubiertos, ninguna infidelidad a sus parejas causa daño a sus familias, pensando que los hijos no son afectados de ninguna forma, dando por hecho que pronto se olvidan de lo ocurrido. Y no hay nada más alejado de la VERDAD: son capaces de percibir,  inconsciente o conscientemente, los engaños.
 
Si no se gestiona sanamente, el efecto suele ser devastador. La mayoría de los niños consideran que la relación que mantienen sus padres es perfecta e indivisible y, por eso, la infidelidad es un hecho que desestructura sus valores. El fenómeno ataca la percepción de estabilidad que ellos daban por sentada, y en la que crecían seguros: dentro del vínculo que formaban padre y  madre nada les podía hacer daño. Pero ahora  se ha roto, o ya no es el que era…
 
Cuando papá o mamá es infiel, los hijos se sienten traicionados;  reaccionan en general con sentimientos de rabia,  tristeza, culpa, hostilidad, inseguridad, vergüenza y confusión.  Cuando se dan cuenta que uno de sus padres es infiel, la idea de familia que le han transmitido entra en contradicción con la realidad. Saben que la situación involucra todo un conjunto de mentiras, y que uno de los cónyuges está faltando al pacto de lealtad implícito, quedando atrapados entre varias paradojas que les angustian.
 
Dado que las consecuencias y secuelas son indeseables, necesario es que los adultos aprendan a ser responsables de sus actos, actuando con la mayor integridad posible (“sinceramente sinceros”). La VERDAD libera, y la integridad contribuye a que la salud emocional de los hijos se enriquezca, evitándoles encrucijadas dolorosas.
 
Padre, madre e hijos necesitan hablar, y es importantísimo que lo hagan; hablar varias veces, incluso a diario. Una sola vez, y dejarlo pasar, no basta. Es de suprema trascendencia que se insista cuanto se les AMA, que siguen siendo amados incondicionalmente por ambos, y que eso NO cambiará; además, habrá que tranquilizarles, reafirmando que ellos NO son la raíz del problema, a objeto de combatir miedos y resentimientos.
 
Se trata de una experiencia muy dolorosa que, si no se maneja con sensatez, responsabilidad, conciencia y honestidad, probablemente deje huellas que afecten la futura vida afectiva de los hijos. El impacto del descubrimiento desequilibra la concepción completa de la existencia. Los niños, jóvenes y  adolescentes no están en edad de organizar adecuadamente una interpretación razonable para lo que ocurre. Simplemente sienten una profunda desilusión; muy rápidamente aparecen señales de desesperanza, incertidumbre y angustia. Con el tiempo esto puede traducirse en estados depresivos, crisis de ansiedad, ataques de pánico o experiencias de estrés postraumático.
 
Si un padre o una madre están en “modo infiel”, o sospecha estarlo, lo único que puede detener el daño causado es asumir la situación como el adulto que es. Dejar la relación furtiva, pedir perdón a su cónyuge, encarar la situación directamente con sus hijos, y hasta optar por un divorcio lo más sano posible (si es que la traición seca totalmente el Amor que unió a la pareja en su momento). 
 

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